viernes, 11 de octubre de 2013
Sin ellos no somos nada y aunque muchos digan que son felices sin ellos, la sensación que da, el halo de misterio que se forma en nuestro proceso de desnudez, la previa que se forma antes de mearte en los pantalones. Señores, me dedicaré a escribir sobre nuestros calzoncillos y no sobre cualquier chiteco que usemos, sino a esos que nos han acompañado desde nuestra adolescencia e incluso desde nuestra infancia. Los sobrevivientes del Vietnam, ellos que nos han acompañado a atravesar jungla tras jungla, que estuvieron con nosotros sobre turgentes cúspides y en las más escalofriantes profundidades. Querido calzoncillo viejo, quiero darte las gracias.

¿En serio? Creo que me refería a otra jungla... pero bueno.

Quiero agradecer tu lealtad, porque a pesar de ser ingrato contigo tú te has portado bien y muy bien. Me has acompañado en todas y aunque trate de ocultarte en noches auspiciosas o en algún momento de euforia hayas quedado colgando en un velador, lámpara e incluso nariz de un niño inoportuno que no sabe golpear la puerta.

Agradecer que siempre guardes la compostura, porque a pesar de que he tirado tus elásticos al máximo y estés lleno agujeros producto de la fricción y el roce, siempre estás donde se te necesita. Nunca he tenido un cachete cuneteado o una bola afuera de su lugar. Gracias.

Y eso que no son los gastados
Que supieras contener aquellas salidas mías, que a pesar de ser involuntarios siempre dejaron huella en ti. Ya perdí la cuenta de cuantos camiones dieron un frenazo brusco o las veces en que no cerré bien la llave y quedó goteando.

Esa es una frená  de camionero con desprendimiento
de escombros
 Tú que has sabido ocultar mis actos de soledad y que a pesar de delatarme endureciendo tu ser, evitaste ser captado in fraganti en la mayoría de las ocasiones.

¿Sabes cuantas peleas gané en tu nombre? ¿Cuantas veces rescaté tu cuerpo indefenso de tachos de basura? He tenido que lavarte a mano ya que "esa weá ni cagando la echas a lavar con el resto de la ropa". Mujeres inconsecuentes que usan el mismo sostén siempre a pesar que se le salió la barba y les dejan las tetas "asimétricas"... Ellas quieren tirarte, desecharte e ignorar los Menage a trois que nos hemos mandado.

Eran de mi tía tatarabuela, pero se me ven divinas ¿no?
Hoy estás a salvo para que me sigas acompañando en el día a día, ya que tú y yo somos muy parecidos, que a pesar de lo carreteados que estemos, que nos caguen o nos tiren, seguimos adelante dando lo mejor de nosotros y echándole para adelante. Por esto y por mucho más siempre estarás ahí en el  primer cajón, junto a los calcetines con papas y esos que me regaló mi vieja que me quedan chicos y que nunca me pongo.

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